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LA PRESERVACIÓN DE LA ESCENA DEL CRIMEN

Por preservación, en términos criminalísticos, se entiende el mantener o conservar las cosas en el estado en que se encuentren al momento de ocurridos los hechos, para que la intervención pericial pueda arrojar resultados ciertos y confiables; es un hecho irrefutable que la correcta preservación de la escena del crimen, su adecuado manejo y estudio completo, son los factores indispensables para establecer la mecánica de los hechos del delito, y estar en posibilidad de saber qué fue lo que pasó y como pasó, para llegar a establecer lo más importante en la aplicación de la justicia: quién fue o quiénes fueron. En contraposición, la pérdida, contaminación o alteración de los indicios y evidencias, incrementa potencialmente las posibilidades de fracasar en la investigación, bien sea porque no se obtengan resultados o que, habiéndolos obtenido, no puedan considerarse validos o útiles porque no se dio la correcta preservación de la escena criminal.

 

La correcta preservación de la escena del crimen permite establecer tres aspectos fundamentales para la investigación:

 

  1. El análisis cronológico de los hechos, que es el estudio de las diversas fases de materialización de la conducta criminal en un determinado periodo de tiempo, y establecer así, cuáles fueron primero que otras.

 

  1. La mecánica de los hechos, que es el análisis de esas fases una vez determinado su orden de realización, para así poder establecer en qué tiempos y momentos se presentaron los movimientos de quienes han intervenido en la escena se encuentren o no dentro de ésta

 

  1. La posición víctima-victimario, que es el establecer las posiciones de la víctima o víctimas en relación con su agresor o agresores, en los momentos inmediatos anteriores, durante o inmediatos posteriores, a la realización o materialización de la conducta.

ANÁLISIS CRONOLÓGICO DE LOS HECHOS

Se comentaba cómo es que este análisis va a permitir establecer, en un hecho criminal, las diversas fases de materialización de la conducta para poder determinar cuáles se presentaron primero que otras, partiendo de la base de que la comisión física del delito es una sola conducta, que va teniendo diversas fases de principio a fin. Y este análisis parte, en primer término, de una minuciosa observación general del área o del lugar en que se ha cometido. Siempre, antes de iniciar con el estudio de la escena del crimen se debe determinar las condiciones generales de ésta, y una observación así llevada permitirá definir su dimensión real, perímetros, y bases de acción.

Estando delimitada la escena del crimen, es el momento de iniciar con la investigación criminalística para dar con todos aquellos indicios o evidencias que pudieran tener relación con el hecho materia de investigación. El adecuado manejo y el correcto estudio de los indicios que se lleguen a localizar en la escena, darán la pauta para determinar con un alto grado de confiabilidad, los tiempos en que cada uno de éstos fueron apareciendo en la misma de manera tal que la integración de todos y cada uno de estos elementos, permitirá determinar tiempos y momentos del evento, como parte preliminar de la mecánica de los hechos.

En toda escena criminal siempre se encontrarán objetos de cualquier clase, los cuales se agrupan en tres categorías: con valor criminalístico nulo, con valor criminalístico indeterminado, que se da cuando aparentan tener relación con el hecho criminal y es cuando se les considera indicios; y con valor criminalístico determinado que es entonces cuando son considerados evidencias. Hay diferencias claras entre unos y otros, pero la diferencia fundamental es que se consideran evidencias todos aquellos indicios que arrojan a la investigación datos suficientes para el esclarecimiento de los hechos, por sí solos o en su valoración conjunta con otros, convirtiéndose entonces en material probatorio. En consecuencia, toda evidencia ha sido necesariamente un indicio, pero no todo indicio se convierte en evidencia.

Poniendo un ejemplo, imaginemos el interior de un salón de clases, con su mobiliario, y en la parte frontal el escritorio del profesor. El aula está llena a su capacidad límite; el maestro, sentado en la silla del escritorio, imparte una plática. Esta fumando. Sobre el escritorio hay un cenicero, un encendedor, la cajetilla de cigarros, un vaso con agua, una taza de café, una carpeta con hojas y algunos libros; está también un teléfono celular y un radiolocalizador. En la pared de atrás de él está un pizarrón; las ventanas cuentan con persianas, el piso es liso, cubierto con losetas de cerámica. Hasta allí nos damos cuenta de diverso mobiliario y objetos al interior del aula. Ahora volvamos a imaginar la misma aula, pero tirado en el piso a un lado de la silla del escritorio, boca abajo, se encuentra el maestro sangrante, al parecer de la cabeza. Resulta que, en el curso de su plática, súbitamente irrumpió en el aula un sujeto que, portando un arma de fuego, se aproximó al maestro y la accionó repetidamente en su contra. Los proyectiles disparados, al entrar en contacto con el cuerpo y producir la lesión, causaron una proyección hemática abundante con expulsión de masa encefálica. Algunos de los objetos que se encuentran sobre el escritorio se han impregnado de esta, como la cajetilla de cigarros, la carpeta y el teléfono. En el cenicero quedó un cigarrillo encendido. Estos objetos se han convertido en indicios al igual que los casquillos percutidos por el arma de fuego, localizados en el piso, distantes del cadáver, los cuales en su análisis posterior adquirirán el carácter de evidencias.

Ahora bien, el aula que antes y durante la plática estaba en perfecto orden, con los mesabancos y sillas formadas unas tras otras en hileras de un extremo a otro, han quedado en completo desorden que se observa a simple vista. Este desorden en la escena va a permitir establecer, con un correcto análisis, el tiempo y forma en que se fueron materializando los hechos. Hay, por ejemplo, mesabancos y sillas caídas, unas sobre su costado, otras completamente al revés; hay también tres plumas, dos vasos, uno vacío con agua en el piso y otro a medio consumir del líquido que contiene. ¿En qué momento cayeron? Puede ser al momento en que irrumpió el victimario en que, simultáneamente a la reacción sorpresiva de los alumnos fue atravesando las filas provocando la caída; o bien, cayeron al momento de levantarse ellos intempestivamente; o quizá los fue tirando el victimario en su huida, en donde quizá pateó un vaso que estaba en el piso, o cayó éste al movimiento del mesabanco, de la misma forma como puede ser que las plumas estén en el suelo. El análisis de estos datos no es irrelevante bajo ningún sentido; al contrario, va a permitir establecer con toda precisión cómo fue que llegó el victimario y el orden en que fue avanzando de principio a fin. Nos encontramos entonces con objetos, indicios y evidencias; los primeros son todos aquellos objetos al interior del aula que constituyen los enseres, el mobiliario y la decoración; los segundos serán las plumas, los vasos, los objetos que quedaron impregnados con sangre, porque podrían arrojar datos a la investigación en la búsqueda de huellas digitales tratando de identificar al agresor –suponiendo que hubiera estado en contacto con éstos-, y evidencias que, en primer instancia serían los propios casquillos.

Pero para poder llegar a este punto habría sido necesario, indudablemente, preservar la escena del crimen correctamente.

LA MECÁNICA DE LOS HECHOS

Teniendo correctamente identificada la escena del crimen con todos los datos que arroja –objetos, indicios y evidencias- y habiendo estado preservada correctamente desde el trabajo inicial, permitirá la reconstrucción del suceso que dio origen al evento delictivo, y se podrán establecer los tiempos, momentos y movimientos de las personas involucradas en el mismo…(Continuará)

 

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