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Carta a Don Porfirio Díaz por colonos mexicanos

El valle de Tecate ha estado habitado de manera intermitente desde antes de la llegada de los misioneros que se asentaron posterior a las exploraciones españolas. Sin embargo, fue a partir del segundo tercio del siglo xix que la población empezó a crecer lentamente. Con el Tratado Guadalupe Hidalgo se dio fin a la Guerra México – Estados Unidos y se cedió gran parte del territorio nacional. Con ello inició la repatriación de familias a territorio mexicano, principalmente en los ahora Estados fronterizos.

El documento que a continuación les transcribo es la carta enviada por J. M. Villagrana, Salvador Mendoza, Abraham Mendoza y Alejandro Morales a Don Porfirio Díaz, entonces Presidente de México, desde San Diego, California el 30 de agosto de 1890. En ella le manifestaron lo siguiente:

“…Los terrenos de Tecate en la Baja California, que por decreto especial reservó el Supremo Gobierno, hace muchos años, para la formación de una colonia de mexicanos, han sido ocupados desde un principio hasta la fecha por individuos de nuestra nacionalidad, de los cuales algunos lograron adquirir, por intervención del Jefe de la extinguida Comisión de Baldíos, el respectivo título de propiedad de las dos Caballerías de tierra con que el mismo Gobierno dispuso fueran agraciados los colonos; y el resto de esos individuos que no lograron tal oportunidad por haberse fincado posteriormente, creen que con esto han adquirido sobre la porción que ocupan derechos de propiedad que en todo tiempo serán respetados; más como los que suscribimos ignoramos las razones en que estos señores se fundan para abrigar tal creencia, no obstante el deseo que tenemos de repatriarnos radicándonos en dicha colonia de Tecate nos hemos abstenido de verificarlo, antes de adquirir la plena seguridad de que los gastos y trabajos que emprendamos para formar allí el hogar de nuestras familias, sean garantizados con la posesión absoluta y legítima de las dos caballerías del terreno en que nos coloquemos, a cuyo fin nos hemos dirigido en solicitud de los necesarios informes; uno a uno de los agentes de colonización en la Ensenada, otros a nuestro Cónsul en esta Ciudad y algunos lo han hecho también directamente a las Secretaría de Fomento sin conseguir, en ningún caso, resultado satisfactorio. El agente de colonizas dijo no poder resolver nada sobre el punto en consulta por falta de antecedentes; el señor Cónsul desde hace varios meses está esperando instrucciones de la Secretaría de Fomento a la que en distintas veces se les ha pedido por conducto de la de Relaciones y, por último, el señor Secretario de Fomento tampoco ha dado contestación a la carta a que antes aludimos.

En tales circunstancias y no dudando obtener de usted, a pesar de nuestra insignificancia una respuesta que inútilmente hemos buscado en otras fuentes, nos permitimos distraer a ustedes, por un momento, de sus altas atenciones para suplicarle se digne decirnos en contestación, si realmente podemos cada uno de los suscritos ocupar dos caballerías de terreno baldío en la repetida colonia de Tecate, contando con la seguridad de que no seremos arrojados de ellas más tarde con pérdida de nuestro tiempo, trabajo y sacrificios, o de otra manera cuales son los pasos que debemos dar para obtener de la Nación el título perfecto de propiedad sin tropezar con moratorias ni dificultades, insuperables siempre para personas tan pobres y de esfera tan humilde como nosotros.

Si como de la proverbial bondad de usted lo esperamos, nos proporciona la honra de atendernos, suplicamos a usted se digne a disponer que su superior resolución sea comunicada al primero de los suscritos y aceptar la respetuosa estimación de sus muy atentos, obsecuentes y seguros servidores.”

Desde 1876 el Gobierno de Porfirio Díaz entregó títulos de propiedad a residentes en el valle de Tecate, sin embargo, varios de ellos abandonaron los predios y se marcharon en busca de mejor fortuna. Es así, como otras personas se asentaron sin contar con la propiedad legal de ellos. Como consecuencia, en 1892 fue necesario realizar un censo poblacional y levantar un plano de la Colonia de Tecate para posteriormente regularizar los predios y darles certeza legal a los pobladores.

 

 

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