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Tijuana, la Ciudad más violenta del mundo

El Consejo Ciudadano de Seguridad Pública y Justicia Penal A.C., que preside José Antonio Ortega Sánchez, acaba de publicar su estudio sobre las 50 Ciudades más violentas del mundo. 15 de ellas son mexicanas. Tijuana ocupa el vergonzoso primer lugar. Algunos discutirán si somos el primero o el quinto. Otros recurrirán al viejo consuelo tijuanense de que “Se matan entre ellos”. Unos más dirán que es propaganda política. Lo que es cierto, es que no deberíamos estar hablando de Tijuana en una lista como ésta, primero, quinto o quincuagésimo lugar, de todos modos es una vergüenza.
¿Qué ha pasado que estamos aquí? Muchas cosas sin duda. Me referiré solo a dos. La primera es la impunidad. Según el Índice Global de Impunidad que publicó la Universidad de las Américas Puebla en 2018, con las cifras más recientes, el nivel de impunidad en Baja California es el tercero más alto del país, y el lugar de México en el mundo es el segundo con más impunidad. Esto quiere decir que vivimos en una de las regiones con la mayor impunidad del mundo. Esto se traduce en que menos del 8% de los homicidios que se cometen en esta entidad fronteriza tienen algún detenido. En Baja California si matas a una persona, lo más probable es que no te pase nada, que puedas seguir caminando por las calles sin riesgo de que te encarcelen o al menos que te procesen por el homicidio cometido.
Una de las causas de la impunidad es la debilidad institucional. Tenemos en Tijuana aproximadamente un tercio de los policías municipales que establecen los estándares internacionales. En Baja California, donde está Tijuana, la Ciudad más violenta de México y del mundo, tenemos menos Jueces que los que hay en promedio en México, y lo mismo pasa con las agencias investigadoras de delitos, menos agencias y menos investigadores. En resumen, tenemos menos policías que hagan labores de prevención, menos agentes que investiguen la incidencia delictiva, y menos Jueces que puedan juzgar a los posibles delincuentes. Ningún esfuerzo que hagan el gobierno y la sociedad, rendirá frutos mientras prevalezca en estos niveles la debilidad institucional.
Y la segunda causa a la que quiero referirme es el silencio. El silencio de una sociedad complaciente que no levanta su voz con vigor, para exigir a su gobierno que cumpla con el mínimo al que toda autoridad está obligada: La seguridad pública. No es posible que toleremos estos niveles de homicidios mientras nuestros gobiernos ni siquiera se incomodan gracias a nuestro silencio. Hay esperanzas de que la estrategia del nuevo gobierno federal rinda frutos en el corto plazo, para lo cual deberá estar acompañado de los gobiernos locales. Pero mientras tanto, ¿Por qué guardamos silencio? Ya sabemos la rutina. Hoy están acribillándose entre bandas criminales, lo cual no justifica ni los homicidios ni la impunidad, mañana extenderán su violencia a personas ajenas al crimen organizado, pasado mañana los secuestros, finalmente más cobro de piso que el que ya hay actualmente. Si no elevamos nuestra enérgica protesta, ese derrotero acabará por llevar a la violencia a las puertas de nuestra casa.
Exigimos al gobierno terminar con la inseguridad, con la impunidad, con la debilidad institucional, y a la sociedad, que levante su voz enérgica a exigir lo que nos corresponde: Una sociedad en paz.

Paco García Burgos
Consultor y analista político
paco@pacogarciaburgos.mx

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